Texto básico 1 sobre la familia y educación.
1º Texto: Contextos de colaboración familia-escuela durante la primera infancia.
Cita APA
Mir Pozo, M., Batle Siquier, M. y Hernández Ferrer, M. (2009). Contextos de colaboración familia-escuela durante la primera infancia. IN. Revista electrónica de Investigación e Innovación Educativa y Socioeducativa, 1(1), pp. 45-68.
Palabras clave
Familia, escuela, cooperación, objetivos comunes
Resumen
En el presente artículo se hace referencia al papel de la familia y la escuela como primeros contextos de desarrollo y socialización y se alude al derecho de los niños y las niñas a recibir una atención adecuada a sus necesidades básicas. De ahí la trascendencia de la corresponsabilidad educativa para potenciar la cultura de crianza y reforzar las capacidades educativas de los padres y madres a través de los múltiples recursos y canales de comunicación, espacios de acogida y encuentro. Asimismo se exponen algunos los ámbitos y programas de intervención con familias, la organización de contextos optimizadores del desarrollo infantil, y el perfil de los profesionales que atienden a la primera infancia. Para adaptarse a las nuevas necesidades de la sociedad la escuela debe abrir sus puertas y contar con la participación y la ayuda de las familias convirtiéndose en una comunidad de aprendizaje y una forma de apoyo social a las prácticas educativas familiares.
Conclusiones
La
atención en el momento evolutivo inicial del niño y la niña depende de las
condiciones que el adulto le proporcione. La familia y la escuela son los
contextos que contribuyen a crear el ambiente adecuado que propicie el
desarrollo saludable del niño, es decir, que crezca física, psíquica y
emocionalmente sano.
Si
la educación infantil aparece cada vez más como una necesidad de la vida
moderna en relación con el cuidado de las niñas y niños, podemos pensar en ella
como en una de las formas de apoyo social más importantes de la familia para
fomentar y aumentar su competencia educativa.
La
escuela infantil resulta idónea para potenciar la cultura de crianza y reforzar
las capacidades educativas de los padres y madres a través de múltiples
recursos y canales de comunicación, espacios de acogida y encuentro...
Para
poder incidir desde el contexto escolar en la mejora de las prácticas
educativas familiares, es importante que familia y escuela mantengan canales de
comunicación y unas relaciones de mutua confianza y comprensión.
Las
relaciones familia-escuela no sólo deben ser cuidadas con esmero para
garantizar acuerdos y continuidades que redunden en el desarrollo infantil tal
y como predice la noción de mesosistema (Bronfenbrenner, 1987), sino porque la
negociación y el establecimiento de dichos acuerdos y continuidades es una
forma de apoyo a la labor educativa de las familias y, también, una manera de
que las escuelas puedan adecuar su labor educativa a la diversidad presente en
el aula desde el conocimiento del niño y de su familia.
Se
plantea la necesidad de estimular la implicación familiar en el proceso de
educación con modelos de participación, con un diálogo que haga emerger la
necesidad de mejorar el proceso educativo.
Los
estereotipos, los prejuicios, los objetivos educativos contrapuestos resultan
poco útiles para construir unas relaciones familia-escuela adecuada que fomenten
la continuidad de las prácticas educativas en ambos contextos.
Es
importante que las familias con escasas competencias encuentren los apoyos
necesarios para modificar sus convicciones y sus comportamientos y que, para
ello, existan unas relaciones de confianza mutua entre progenitores y
profesionales de la educación que devengan en la posibilidad de negociar y
construir proyectos educativos comunes.
Interesan
preferentemente contextos de colaboración que propicien programas de
asesoramiento familiar que faciliten la adecuación entre las primeras figuras
de crianza y los niños pequeños.
El
análisis de las interacciones dentro de la familia contribuye a valorar la
necesidad de estudiar los primeros entornos sociales como fuertes predictores
de la incipiente configuración del autoconcepto y del nivel de autoestima del
niño pequeño.
Para
garantizar el crecimiento y desarrollo de un niño y una niña es preciso prestar
atención y colaborar con sus familias. La corresponsabilidad educativa se ha de
plantear desde el inicio del proceso escolar porque es cuando las familias
configuran su propio modelo de parentalidad y la escuela infantil puede
potenciar y reforzar las capacidades parentales.
Una
decisión a tener en cuenta iría encaminada a consensuar el modelo educativo que
debe guiar las respuestas familiares y dar coherencia a las actuaciones que se
hagan tanto en el seno del grupo familiar como en las relaciones con el centro
educativo. A menudo se plantea la conciliación familiar y laboral para dar más
satisfacción a las necesidades de los adultos que a las de los niños.
Las
relaciones afectivas entre los adultos y los menores como base de toda la
convivencia. Se trata de garantizar que el afecto pueda favorecer la confianza,
y mantener la intensidad de las relaciones, por encima de las situaciones
conflictivas y las dificultades. En este sentido los buenos tratos pueden
romper el círculo vicioso de la violencia que se perpetúa entre generaciones y
crear una cultura general de convivencia (del buen trato) en la sociedad.
El
equilibrio y estabilidad emocional del adulto frente a posibles respuestas es
otro factor clave del proceso educativo. La tranquilidad, aunque en algún
momento pueda ser difícil de mantener, es la clave para que los niños
comprendan que los adultos están seguros de lo que exigen y que, a la vez, es
inevitable cumplir con las normas propuestas.
Los
contextos de colaboración no se limitan exclusivamente al binomio familia-escuela,
sino que requiere un planteamiento multisectorial que aborda la coordinación
con otros contextos como el familiar, el laboral, el comunitario, y un
planteamiento multidisciplinar que incluye diferentes áreas. De ahí que resulte
esencial la reflexión conjunta, la comprensión, la cooperación y la
convergencia interdisciplinar.
Debido
a lo anteriormente expuesto y a la influencia de las figuras de crianza, vemos
necesario que, desde el ámbito de los profesionales que trabajan en torno al
bienestar y desarrollo de la familia y de sus miembros, se produzcan
investigaciones y desarrollos teóricos que estudien a la familia desde todas
sus dimensiones y sobretodo, que profundicen en las aptitudes, actitudes,
cualidades y comportamientos que los padres y las madres realizan habitualmente
y como este proceso ejerce su influencia en los comportamientos futuros y en la
conformación de la personalidad de sus hijos/as. De esta manera se podrían
mejorar las actitudes de los/as padres/madres, y sobre todo, desde otras
intervenciones sociales, educativas, etc., se podría formar, ayudar y apoyar a
los/as padres/madres y a las familias en sus tareas educativas con los/as
niños/as.
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